La sociedad de la que hoy somos partes, nos invita a re-inventarnos constantemente. Ello nos lleva a que vivamos nuestra existencia en un total desenfreno y que muchas veces, el espacio para la meditación, la reflexión de nuestros actos y de nuestra socialización queden en un plano que se nos hace nada interesante.
Hoy, con mucha mas consistencia, quizás más que en otros tiempos, el vacío existencial que vive y padece, el ser humano contemporáneo, lleva a confrontarnos con la visión de ser arquitecto de nuestro destino.
El bombardeo constante que padecemos a través de todos los medios de comunicación social (ojo no tengo nada en contra de ellos) nos ha llevado a una perdida constante de nuestra personalidad y por ende, el sentido de la vida. Hoy se percibe a un ser humano disperso en todo, busca complacerse en todo y a la vez en nada. Cada día, resulta una tortura, el levantarse para cumplir con la rutina, nos lleva a visualizar un horizonte en donde la esperanza se concibe como un elemento abstracto y tan ambiguo que eso no da resultado en mi esquema existencial.
Entonces ¿que nos llena?